En sociología, el Capital Social es la variable que mide la colaboración social entre los diferentes grupos de un colectivo humano, y el uso individual de las oportunidades surgidas a partir de tres fuentes principales: la confianza mutua, las normas efectivas y las redes sociales.
Diferentes científicos y analistas, entre los que cabe resaltar a Robert Putnam y Francis Fukuyama, establecen una relación directa entre el nivel de capital social de un colectivo y su desarrollo económico y social. Así, aquellos colectivos o regiones con un alto nivel de capital social (alto nivel de confianza entre sus miembros, existencia de redes efectivas de contactos y reglas básicas compartidas por todos) consiguen un mejor desarrollo económico y social, y en último término un mayor bienestar.
Las características del deporte del baloncesto determinan de forma invariable la existencia de un alto nivel de capital social entre las personas que forman parte de su colectivo, independientemente del origen o códigos culturales de sus practicantes:
Como deporte de élite, ejerce un importante papel de motivación y “espejo en el que mirarse” para miles de chicos y chicas que cultivan hábitos saludables mientras trabajan para superarse. Por otro lado, el baloncesto no genera ni mueve las astronómicas cantidades de dinero que, demasiado habitualmente, provocan que la esencia y los valores del deporte se diluyan. En este sentido, podemos afirmar que el baloncesto “tiene los pies en la tierra”.- En baloncesto todos atacan y todos defienden. Las propias características del juego determinan que el concepto de equipo está por encima de las individualidades. Nadie es más importante que nadie y si falla un eslabón de la cadena, falla toda la cadena. Esto provoca que los aciertos y los errores sean compartidos, de todos, y que los conceptos de solidaridad y trabajo en equipo estén profundamente arraigados entre sus practicantes.
- Se trata de un deporte de contacto, en el que -como en la vida misma- hay que saber encajar golpes y empujones y también pelear de la misma forma sin voluntad de hacer daño. Para jugar a baloncesto, por lo tanto, hay que hacer gala de honestidad y nobleza.
Estas y otras características favorecen y determinan el surgimiento de capital social, tejiendo relaciones para toda la vida, incrementando el nivel de confianza entre las personas, y creando en última instancia el caldo de cultivo para el surgimiento de iniciativas, proyectos e ilusiones compartidas.
SPORTI pretende impulsar proyectos que trasladen a otros ámbitos de la sociedad el capital social presente en la comunidad del baloncesto, fomentando una participación activa en ellos del colectivo de practicantes, aficionados y simpatizantes de este deporte, y contribuyendo de forma socialmente responsable al desarrollo humano.




